El amor, la verdad y la justicia de Dios son más poderosos que cualquier mal. Quizás la consecuencia más asombrosa de la historia de la tierra es que, aun después de que la humanidad se rebeló y la tierra cayó en una profunda depravación bajo el dominio del hombre, ¡Dios mismo determinó que va a habitar en la tierra entre los hombres! Esto revela el compromiso absoluto de Dios con nuestra redención y restauración.
Esto hará de la tierra, que ha experimentado la plena madurez del mal y la depravación, Su ciudad capital de toda la creación. Esa es la profundidad y el poder de Su redención, reconciliación y devoción a la restauración. Lo que cayó es restaurado a un lugar aún más alto que aquel del que cayó. ¿No debería esto darnos esperanza para cualquiera —o para cualquier lugar— sin importar su estado espiritual presente?
Así que el libro de Apocalipsis revela la consecuencia última de apartarse de Dios y darle vía libre al mal. Luego revela el poder y la esperanza últimos que podemos tener en la misericordia, la gracia y la redención de Dios cuando volvemos a Él. Vemos esto en Apocalipsis 19, cuando la “Gran Ramera”, la iglesia falsa, es juzgada y entonces es revelada la Novia de Cristo. A lo que somos llamados en Cristo es más alto que lo que Adán tenía. Después de la caída de la creación, Él trajo forth una “nueva creación” que es aún mejor.
Nuestro Padre celestial ama tanto a Su Hijo que se nos dice en la Escritura que todas las cosas fueron creadas por medio de Él y para Él, y que todas las cosas serán reunidas en Su Hijo. Sin embargo, Dios amó tanto al mundo que envió a Su Hijo para pagar el precio más alto de toda la creación —la vida de Su Hijo— para redimir a los caídos. Lo enviará de nuevo para restaurar a los caídos. El Hijo ama tanto al mundo que se despojaría de Su gloria para venir a la tierra y habitar entre nosotros, y luego pagar un precio tal por nosotros. ¿Cómo podríamos dudar alguna vez de Su amor por nosotros?
Este es ahora el asombro del cielo, y será también el asombro de la tierra —para siempre—. Como vemos en Apocalipsis, el título más honrado del Hijo de Dios por la eternidad será “el Cordero”. ¿Cómo puede nuestro Dios santo amarnos tanto? Él hace esto porque Él es Amor y no podría hacer menos. Esto solo podremos comprenderlo cuando veamos las profundidades de depravación de las que hemos sido librados, y ese es el mensaje principal de esta Revelación: cuánto nos ama.
Más importante que saber lo que está escrito en el libro de Apocalipsis es llegar a ser siervos del Señor para que podamos entender el libro de Apocalipsis. Hacemos esto entendiendo a Cristo. Al permanecer en Él y estar comprometidos con Su plan, somos preparados para las cosas que están escritas en esta visión. Por eso he incluido tanta enseñanza sobre asuntos que son básicos para ser un discípulo del Señor, junto con algunos conceptos básicos de lo que es revelado en Apocalipsis. El discipulado es requerido antes de que lleguemos a ser siervos.
Este año venidero, dedicaremos más tiempo a entender los símbolos proféticos y la narrativa en Apocalipsis para ver cómo se cumplió en la historia o aún ha de cumplirse. Esto nos dará una comprensión mucho mayor de nuestro tiempo. Pero, más que solo entender, debemos buscar ver la gloria del Señor en todo ello. Somos transformados a la imagen del Señor al contemplar la gloria del Señor (ver 2 Corintios 3:18).
Si pasamos más tiempo mirando a los engañadores y sus engaños, llegaremos a ser como ellos: personas temerosas, paranoicas y amargadas que se sienten intimidadas por otros y los rechazan por no ser exactamente como ellos. Por esta razón muchos “cazadores de herejías” toman la naturaleza de las herejías acerca de las cuales intentan advertirnos. De esta manera pueden esparcir más temor y engaño en la iglesia, y hacerle más daño que las mismas herejías contra las que dicen estar luchando.
Así que procedamos con la determinación más profunda de buscar aquello para lo que fue dada la Revelación: revelar a Jesucristo, Su naturaleza y Su autoridad.
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