El hecho de que el Señor vaya a edificar Su morada entre los hombres es la razón principal por la que no tomó Su autoridad sobre la tierra inmediatamente después de Su resurrección. Su propósito principal para esta era es buscar una novia y una familia con quienes habitar para siempre. Además de esto, Él está usando esta era para preparar obreros para Su reino venidero en todos los niveles, determinados por su nivel de amor y devoción a Él y a Su obra en esta era.
La iglesia que los hombres han edificado es casi una antítesis perfecta de la iglesia que el Señor está edificando. Aun así, la manera de encontrar lo que Él está edificando no es reaccionando contra lo falso, sino buscando la verdad con aun más resolución. No estamos llamados a ser negativos ni reaccionarios, sino a caminar por la fe en Él.
El apóstol Pablo dijo: “Si todavía procurara agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo” (ver Gálatas 1:10). Todos debemos tomar esta decisión: si vamos a agradar a Dios o a los hombres. Los más conocidos entre los hombres probablemente serán poco conocidos en el cielo. Los más conocidos en el cielo rara vez serán bien conocidos en la tierra.
Al estar dedicado a agradar a Dios y no a los hombres, Pablo llegó a ser uno de los más conocidos tanto en el cielo como en la tierra, e incluso en el infierno. Cuando el demonio se lanzó sobre los exorcistas judíos que trataron de usar el nombre de “Jesús, a quien Pablo predica”, el demonio se lanzó sobre ellos, respondiendo: “A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?” (ver Hechos 19:15).
Aquellos que llegan a ser falsos por lo general no están tratando de servir al diablo, sino a sí mismos. Nada socava y destruye tanto el verdadero servicio a Dios como la ambición egoísta. La iglesia falsa edificada por los hombres no fue edificada por hombres que buscaban hacer el mal. Sin duda, muchos procuraban glorificar a Dios, pero terminaron soltando más maldad sobre la tierra que Satanás y todos los adoradores de demonios juntos. ¿Cómo? ¿Por qué?
El fruto del lado “bueno” del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal sigue siendo veneno. La bondad humana caída trae muerte, no vida. Las buenas intenciones de los hombres casi siempre buscan el autorreconocimiento, que es quizás la puerta más abierta para el diablo y sus secuaces, tal como lo fue en el Huerto. Debemos tener una visión más alta que simplemente hacer buenas obras por las cuales los hombres nos alaben. Debemos buscar la gloria y el reconocimiento de Dios en todas las cosas, para que ellas testifiquen de Dios por quién es Él y por lo que Él ha hecho. Si realmente hemos visto la cruz, nos daremos cuenta de cuán profano es buscar para nosotros cualquier gloria que le pertenece a Él.
El anticristo no solo está en contra de Cristo, sino que busca ser un sustituto de Cristo. El diablo estará muy contento de que hagamos buenas obras para ganar aceptación con Dios. Esta es una de las mayores desviaciones de la cruz de Jesús, donde únicamente podemos encontrar aceptación con Dios. No debemos servir a Dios para ganar Su aprobación, sino desde la posición de tener Su aprobación por el sacrificio que Jesús hizo. Entonces, nuestra justicia será de Su cruz, no de la nuestra.
A los seguidores de Jesús se les ordena tomar su cruz y vivir vidas de sacrificio, pero nunca debemos hacer esto para ser considerados justos o para ganar el reconocimiento y la aprobación de Dios o de los hombres. Lo hacemos por amor a Aquel a quien servimos y en devoción a la causa más grande que jamás habrá. Probablemente todos hemos conocido a aquellos que ponían más fe en su cruz —sus sacrificios— que en la cruz de Jesús y Su sacrificio.
Probablemente todos tengamos algo de búsqueda de lo propio y de autorreconocimiento mezclado con nuestros motivos cuando somos jóvenes en el Señor. No debemos permitir que esto nos detenga de servir, porque si lo hace, seguimos dejando que nuestro egocentrismo gobierne. Cuando servimos por obediencia —por Su Espíritu, Su bondad y poder, no los nuestros—, Él crecerá en nosotros y nuestro egocentrismo disminuirá. La madurez cristiana suprema es poder decir honestamente lo que Pablo escribió en Gálatas 2:20: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”.
La vida espiritual y la madurez en Cristo no vienen por las obras, sino por caminar con el Señor. “Enoc caminó con Dios, y desapareció” (ver Génesis 5:24). De la misma manera, es al caminar con el Señor y contemplar Su gloria que se nos quitan los velos para que lo veamos. Por esto somos cambiados a Su imagen, mientras que la nuestra simplemente se desvanece como lo hace la luna cuando sale el sol. Entonces llegamos a ser Su morada.
Así que, para reconocer al anticristo, simplemente necesitamos reconocer a Cristo. Nunca olvidemos que para eso se nos dio Apocalipsis.
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