May 19
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Rick Joyner

       Jesús dijo acerca de estos tiempos: “Porque al haberse multiplicado la maldad, el amor de la mayoría se enfriará. Pero el que persevere hasta el fin, ese será salvo” (ver Mateo 24:12-13). Debemos reconocer que la iniquidad es el enemigo, no la autoridad contra la cual las personas se están rebelando. También debemos saber cómo mantenernos firmes en estos tiempos para ser “salvos”.

       Solo ha habido una autoridad perfecta en la tierra: el Rey de reyes. No volverá a haber una autoridad perfecta aquí hasta que Él regrese. Ocupar casi cualquier posición de autoridad en estos tiempos, cuando la iniquidad es tan prevalente, es quizá el mayor desafío que podemos enfrentar. ¿No es por eso que se nos dice que oremos por todos los que están en autoridad, no solo por los cristianos o por aquellos con quienes estamos de acuerdo (ver 1 Timoteo 2:2)? Si somos sabios, oraremos aún más por aquellos con quienes no estamos de acuerdo, o por aquellos cuya naturaleza y manera de ser no son como pensamos que deberían ser.

       Como se nos advierte en Gálatas 6:7: “No os engañéis, Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Solo podemos esperar que Dios nos conceda gracia cuando estemos en posiciones de autoridad si hemos concedido gracia a otros. Cosecharemos lo que hemos sembrado. Por lo tanto, nuestra respuesta natural debe ser primero orar por aquellos que están en autoridad y buscar la gracia de Dios para ellos. Si oramos para que aquellos con quienes no estamos de acuerdo reciban Su gracia, quizá eso les ayude a ver las cosas de manera diferente. Pero aun si no es así, estamos acumulando saldo en nuestras cuentas de gracia mientras oramos por ellos.

       No luchamos contra carne y sangre, sino contra poderes espirituales. Por lo tanto, nunca debemos luchar contra las personas, sino contra aquello que las mantiene en tinieblas o esclavitud.

       ¿Hay algo más valioso que la gracia de Dios? ¿Hemos considerado cómo nos descalificamos para recibirla cuando, en lugar de eso, criticamos y buscamos derribar a otros? Sabiendo que vamos a cosechar lo que hemos sembrado, ¿hemos considerado cómo esto reducirá la gracia que podríamos tener? Tampoco se trata de una siembra y cosecha exacta. Podríamos estar criticando a un líder gubernamental, y eso podría costarnos gracia como pastor, supervisor, maestro o entrenador de una liga infantil.

       El rey David evidentemente reconoció esto cuando estuvo sometido a la peor clase de persecución por parte de su rey, Saúl, a quien había servido tan fielmente. Pero David se negó a levantar su mano contra Saúl porque “él es el ungido del Señor”. La recompensa de David por tener tal gracia, aun hacia su peor enemigo, fue que se le permitió establecer un trono sobre el cual Jesús, el Rey de reyes, se sentará para siempre.

       Una vez que hayamos establecido esta determinación en nuestros propios corazones de sembrar gracia, necesitamos considerar qué causa las peores aberraciones en aquellos que están en autoridad para poder orar por ellos, y no aprovecharnos de ellos. Debemos hacer esto examinándonos primero a nosotros mismos y considerando si podríamos tener el mismo problema. Entonces, oremos por cualquiera que veamos que tenga tales problemas, guardándonos siempre de criticarlos.

       Una autoridad que es intolerante y reacciona de manera exagerada ante los desafíos casi con certeza lleva heridas no sanadas. Si se nos concede la gracia de ver esto, primero debemos preguntarnos cómo podemos ayudar a esa persona a sanar. La oración por ella debe venir primero, y luego hablar palabras que puedan traerle paz, especialmente lograr que más del pueblo de Dios ore por ella.

       Si recibimos una “palabra de conocimiento” del Señor acerca de la causa de un problema, entonces debemos buscar de Él una “palabra de sabiduría” acerca de qué hacer con ese conocimiento. Lo último que deberíamos considerar hacer acerca de una figura pública es hacerlo público. En lugar de buscar exaltarnos a nosotros mismos siendo los primeros en revelar tal conocimiento, debemos considerar cómo ese conocimiento puede ser utilizado de la mejor manera para esa persona. Los propósitos del Señor parecen comenzar siempre con la sanidad, y Su obra produce redención, restauración y luego reconciliación.

       Una de las principales cosas que puede descalificarnos para recibir tales palabras de conocimiento o de sabiduría de Dios es pensar primero en cómo podemos usar esa información, en lugar de esperar pacientemente a que Dios revele cómo quiere usarla. Su voluntad principal para el mundo en este tiempo es sanarlo y salvarlo, por lo que siempre debemos considerar primero cómo estas cosas están obrando en lo que hacemos.

 

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