May 4
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Rick Joyner

         

         Hemos estado cubriendo cómo los frutos del Espíritu son armas divinamente poderosas. En este día de creciente discordia y conflicto, es aún más crucial que edifiquemos nuestras vidas sobre la Roca, Jesús, y nos fortalezcamos en Él buscando continuamente crecer en Su naturaleza. Esto se demuestra por el fruto del Espíritu en nuestra vida.  

         Por esta razón, ahora cubriremos algunas de las exhortaciones bíblicas que nos dan instrucciones claras sobre cómo nos fortalecemos en el Señor. Empezaremos por las que nos escribió Pedro, aquel a quien el Señor le dio las llaves del reino, y en estas podemos encontrar aquellas llaves que nos abren Su reino. Comenzamos con 1ª de Pedro 1:6-9:

         “En lo cual ustedes se regocijan grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, sean afligidos con diversas pruebas, 

         para que la prueba de la fe de ustedes, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo;

         a quien sin haber visto, ustedes lo aman, y a quien ahora no ven, pero creen en Él, y se regocijan grandemente con gozo inefable y lleno de gloria, obteniendo, como resultado de su fe, la salvación de sus almas.”

         Jesús vino a darnos una vida abundante. Eso no significa necesariamente que todo estaría bien, sólo que habría mucho de ella. También dijo que en el mundo tendremos tribulaciones o problemas. Esta era presente tiene el propósito de que tengamos pruebas que nos ayuden a conformarnos a Su imagen y nos preparen para gobernar con Él en la era venidera. Son para nuestro bien, y cuando maduramos en Él, comenzamos a comprender cómo estas pruebas son realmente más valiosas que el oro, como escribió Pedro. 

         Entonces, los maduros en Cristo deben considerar cada prueba como algo por lo que debemos estar tan emocionados como si acabáramos de encontrar una bolsa de oro. Para el verdaderamente espiritual, una prueba vale muchísimo más que el oro. Esta vida no es más que "un vapor" y cualquier oro que tengamos aquí sólo durará ese tiempo en el mejor de los casos. La naturaleza de Cristo que las pruebas marcan en nosotros resultan en cosas mucho más grandes en esta vida de las que cualquier cantidad de oro podría comprar, y ellas durarán para siempre.

         No podemos convertirnos en lo que deberíamos ser, pero somos hechura Suya. Por esta razón, es presuntuoso crear nuestras propias pruebas, o las de cualquier otro. Sin embargo, hay cosas que podemos hacer para aprovechar al máximo las pruebas, principalmente caminar en fe, confiar en Él y agradecerle por todo lo que Él permite en nuestra vida. 

         Santiago lo reconoce cuando escribió: “Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se encuentren con diversas pruebas” (véase Santiago 1:2). Para él, escribir tengan por sumo gozo” implica que es posible que no nos sintamos así, al menos al principio. Sin embargo, si realmente creemos en las Escrituras que "todas las cosas ayudan a bien para los que aman a Dios, a los que son llamados conforme a Su propósito" (Romanos 8:28), entonces confiaremos en Su Palabra más que en nuestras dudas o temores acerca de la prueba, como vemos en las palabras de Santiago sobre esto:

         “Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia,  y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que sean perfectos y completos, sin que nada les falte.

         Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero que pida con fe, sin dudar. Porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor, siendo hombre de doble ánimo, inestable en todos sus caminos”.

         Aquí vemos que el propósito de las pruebas es producir paciencia en nosotros. Esto irá mucho mejor si trabajamos con Dios para soportarlas confiando en Él. La siguiente cosa importante que vemos aquí que debemos hacer en una prueba es que debemos pedirle a Dios sabiduría sobre cómo lidiar con ella, la cual Él promete darnos siempre. 

         Luego resistimos las dudas, decidiendo que vamos a confiar en Dios y creer en Su Palabra por encima de cualquier sentimiento que podamos tener, por encima de cualquier apariencia o palabras de desánimo con las que el diablo pueda tratar de tentarnos. Creer a Dios siempre es lo correcto; dudar de Él no lo es, y en el mejor de los casos puede resultar en una prueba mucho más larga.

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